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Cómo vivimos nosotras la boda de Sara y Borja

Me gustaría comenzar este post, como no podía ser de otra forma, expresando mi más profundo cariño y gratitud por la cantidad de comentarios tan maravillosos, que este equipo LalaBlu, ha recibido por la publicación de la boda de nuestra compañera Sara.

Como Directora de LalaBlu creo que con #migranbodalalablu hemos cerrado un círculo. Tenemos la sensación de llegar al final de un destino, tras un largo camino que se inició desde los tiempos de mi propia boda, allá por el 2012, y que ha culminado con la boda de Sara y Borja, el pasado mes de Septiembre. Dan ganas de lanzar un suspiro al viento.

Cuantísimo han cambiado las bodas, cuantísimo hemos cambiado nosotros mismos y cuantísimo hemos vivido en los 5 años que distan ambos acontecimientos y que coinciden con la, posiblemente, etapa más importante de cualquier proyecto de emprendimiento.

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La vida cambia, y cambia mucho. Las prioridades también. Las circunstancias puede que ya no sean las mismas. La energía y la capacidad de sorprendernos tampoco. Era un reto muy complicado, casi un salto mortal al vacío y en picado, en el que todos los ojos se posaban sobre Sara y Borja, pero también sobre LalaBlu como equipo y como firma de Wedding Planner… Porque, no os voy a engañar, y es que la presión en esta boda era mucha. Y aunque intentábamos reírnos de todos los inconvenientes y visicitudes que surgieron, como en cualquier boda, no mentiré si digo que ésta era NUESTRA BODA.

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Personalmente la viví con tanta intensidad que he de reconocer que cuando llegó el día, estaba algo más nerviosa de lo habitual. Ahora puedo entender mucho mejor nuestra propia figura, como wedding planners. De verdad que es imposible gestionar una boda desde la perspectiva de un familiar cercano como un hermano, madre o amigo muy íntimo. Nosotras, que tenemos fama de mano de hierro en cuanto a la organización y cabeza fría para la gestión de problemas y toma de decisiones, juro por dios que ese día los minutos no pasaban, ¡volaban!… y la organización de “esto y aquello” se mezclaba con los nervios y las prisas. La implicación emocional con los novios es totalmente incompatible con la frialdad de la organización y coordinación de una boda. Ahora doy fe, más fe que nunca.

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Tamara y yo vivimos la boda de Sara y Borja como dos grandes y viejas amigas que, por primera vez en unos cuantos años, quedan para irse de fiesta. Pasados los nervios de la Iglesia (¡tenía que leer una de las lecturas de la ceremonia!) y una vez pusimos el pie de nuevo en Prados Riveros, aquello se convirtió en una auténtica celebración. Lo cierto es que es muy divertido que la gente con la que muy a menudo trabajas en bodas: fotógrafos, videográfos, personal de finca o DJ, ese día te digan que “¡woooww, menudo pamelón llevas!” y casi les cueste reconocerte sin la carpeta, la acreditación y los walkies. Ese día estás al otro lado, y qué queréis que os diga, pero las bodas al otro lado se viven muchísimo mejor, obviamente.

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Confié en Dánae Tobajas para que me hiciera el vestido que llevé a la boda de Sara y Borja. Dánae tuvo el enorme reto de enfundarme en un vestido que me sentara bien y en el que estuviera cómoda, pero también elegante, tras un embarazo, post-parto y verano “a lo loco”, en el que me había puesto “redonda como una bolita“. Elegimos el color buganvilla, que es sumamente favorecedor, y lo combinamos con el mostaza en zapatos a medida y cartera a juego de Franjul (¡miles de gracias chicos!). Mercedes de Sister’s Tocados me regaló la pamela, absoluta protagonista del look, adornada con una preciosa pluma de faisán. Me maquillaron y me peinaron en el mismo Prados Riveros, mis amigos (mi Yoli) de Urvan.

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Tamara, nuestra Maestra de Ceremonias (que ese día se libró por completo de “casarlos”) estaba IM-PRE-SI-O-NAN-TE. Llevaba un vestido precioso en color carmesí intenso del diseñador Jorge de la Rosa, combinado con sandalias en turquesa de Salo Madrid y una favorecedora diadema de flores también de Sister’s Tocados. Se lo dije muchas veces aquel día, pero es que ella y su novio, el cantautor Edu Vazquez estaban imponentes.

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Contar con grandes amigos al otro lado, tenía que tener alguna ventaja, especialmente en el tema de la fotografía. Muchas gracias Jairo por dedicarnos unos instantes a conservar estos recuerdos para siempre.

Vivimos momentos muy emotivos, como cuando minutos antes de acceder a la zona del banquete Sara me sorprendió con un precioso ramo en señal de agradecimiento, de Arbolande, o cuando durante los postres, la propia Sara dedicó unas palabras a su familia y amigos, entre los que tuvo una mención especial para mi. Obviamente lloré como una niña.

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Intenté (intentamos) que Sara y Borja revivieran algunos de los recuerdos de su infancia. Envolverlo todo del olor a la hierbabuena, devolverle a los que tristemente no podían estar allí presentes… Quizá esa sea la parte más agridulce e inevitable de las bodas, cuando miras a tu alrededor y notas que te falta una cara, una sonrisa.

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Mi humilde objetivo con Borja, pero especialmente para con mi compañera Sara, fue ese precisamente, llenar sus vacíos. Vacíos que ella siempre añora y que suponía que ese día iban a pesar un poco más. Meses antes de la boda, en una reunión con Virgina de Cortés de Moraga, recordé como en una visita técnica que hicimos juntas a una finca en Chinchón, Sara me habló de la huerta de su abuelo, de la casita que tenían, con una emoción propia del que quiere bien y mucho. Aquella emoción debía estar presente en su día. Por eso su tocado de Nicté llevaba hojas de hierbabuena y minúsculos tomatitos; por eso la papelería que le diseñé recordaba a las anotaciones de los cuadernos antiguos; por eso la mantelería escogida simulaban unos hogareños trapos de cocina; por eso su vestido de Raquel Ferreiro llevaba un emotivo bordado a la altura de su corazón… por eso no dudé un segundo en encargarle a Amaya de Linker Studio, el camafeo que llevó enganchado a la empuñadura de su ramo. Todo tenía un sentido para ellos, pero especialmente tenía un profundo sentido para Sara.

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La emoción, lógicamente, tenía que dar paso a la diversión. Pamelas fuera y ¡a bailar! Tamara y yo lo dimos todo en la pista de baile, como no podía ser de otra manera, taconeando sin parar, porque si, queridos amigos ¡¡¡aguanté toda la boda subida a mis tacones!!! Los responsables de eso son mis queridos amigos de Franjul.

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De todas las bodas siempre te quedas con un recuerdo, con un instante. En esta boda hubo muchos momentos irrepetibles y emotivos, pero si tuviera que escoger uno, me quedo con un momento que viví junto a Sara, su madre y su abuela, las tres generaciones de mujeres de esa familia. Yo trataba de explicarle a la abuela de Sara que en realidad su marido también estaba presente aquel día, porque toda la boda se había diseñado pensando en él y en el lugar donde todos ellos habían sido tan felices tiempo atrás. Ella me miraba expectante sujetándome las manos, agradecida por todo lo que le estaba contando y emocionada por mirar a su alrededor y verlo, sentirlo. “Lo hemos logrado“, pensé.

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Texto escrito por Nuria Fernández. Fotografías: Jairo Crena.

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